
„The Circle“
Cuando sacaste el correo del buzón esta mañana, nunca te habrías imaginado la gran aventura que te esperaba. Además de unas cuantas cartas y publicidad de todo tipo, en el buzón también había un pequeño sobre rojo dirigido a ti y sin remitente. Te sorprendes un poco y lo abres. En el sobre solo hay una pequeña tarjeta roja con el siguiente texto:
Invitación
Lugar: salón de baile del castillo de Vitusburgo, en el monte Rauensberg.
Fecha: el próximo viernes a las 19:00 horas..
―¡Venga solo! –

Pero ¿esto qué es? ¿Una broma tonta o una publicidad muy descarada? Dejas la tarjeta a un lado y consultas el resto del correo. El siguiente viernes por la mañana, cuando llevas el papel usado al contenedor, una pequeña tarjeta roja se cae del montón. ¡La habías olvidado por completo! Lees las líneas una y otra vez y empiezas a considerar la posibilidad de ir al lugar indicado por la tarde. Si realmente se trata de un acto promocional, puedes marcharte en cualquier momento. Pero algo dentro de ti te dice que es algo serio, algo apasionante…
A las 19:00 horas en punto te encuentras frente al castillo de Vitusburgo. Una joven se te acerca y te pregunta cómo te llamas. Cuando se lo dices, te sonríe y te pide que la sigas. Llegáis a la puerta abierta de un gran salón de baile, miras hacia su interior y ves a muchas personas. En largas mesas hay sentados hombres y mujeres de todas las edades, que charlan, se ríen y brindan alegremente. Mucha de esa gente lleva ropa anticuada e, incluso, de aspecto bastante extraño.


Al final del salón hay un gran portal que, de algún modo, parece brillar en su interior. “Menudas tonterías se les ocurren siempre a los publicistas”, piensas para tus adentros y entras en el salón. Justo al hacerlo, todos los presentes se vuelven hacia ti a la vez y se hace el silencio. No entiendes nada y la situación se vuelve incómoda de repente. Entonces oyes un carraspeo detrás de ti y te das la vuelta. Allí está… ¡tu madre! Te quedas pasmado, pero tu madre te sonríe y te dice: “¡Bienvenido! Siéntate, que te lo explicaré todo”. Te sientas en la silla libre más cercana y miras a tu alrededor con expectación. Todos los ojos están puestos en ti.
“Todas estas personas son tus familiares. Es decir, son tus antepasados y su familia. Todos ellos han venido hoy hasta aquí para conocerte. Nuestra familia lleva guardando un gran secreto miles de años. ¡Un secreto que te vamos a desvelar hoy aquí!”.
“¿Qué gran secreto es ese?”, preguntas, totalmente asombrado y abrumado.
“Desde hace incontables generaciones, nuestra familia siempre ha elegido a un miembro para emprender los largos viajes”, dice tu madre.
“¿Grandes viajes?”, repites sus palabras.
“¡Sí, los grandes viajes en el tiempo! Estos viajes son vitales para la naturaleza, las personas y todo lo que cohesiona el mundo. Mantienen el equilibrio entre el espacio y el tiempo corrigiendo errores del pasado, pero también del futuro. Errores pequeñísimos que a largo plazo tienen una gran repercusión”.
“¿Viajar en el tiempo? ¿Corregir errores? ¿Qué está pasando aquí? ¿Me estáis tomando el pelo?”.
“NO”, gritan todos a la vez. “ESTAMOS HABLANDO MUY EN SERIO”.
Sobresaltado, te hundes un poco más en la silla. Tu madre te agarra del brazo y te mira profundamente a los ojos: “Esto no es ninguna broma, es un asunto muy serio. Te han elegido para hacerte cargo de los viajes en el tiempo. Tu predecesor es demasiado viejo, ya ha viajado demasiado”.
“¿Y qué tengo que hacer? ¿Cómo funciona eso? ¿A dónde tengo que viajar? ¿Y cómo?”, preguntas de forma tímida e indecisa.

“Te lo explicaremos todo, no te preocupes, pero tu primera tarea será encontrar y reparar el entopismador”.
“El ento… ¿qué?”.
“El entopismador. Por desgracia, tu predecesor sufrió un terrible percance en su último viaje. Al atravesar el portal cuando regresaba, la herramienta que detecta y corrige los errores, el entopismador, se le escurrió de la mano y se rompió en tres pedazos. Sin embargo, el portal seguía activo, por lo que estas tres piezas desaparecieron a través del espacio y el tiempo. Tu primera tarea será encontrarlas y volver a unirlas. Al atravesar el portal, entrarás en otra época; futura o pasada, eso lo determina el portal. ¡Date prisa, que el mundo está en peligro!”.
Los asistentes empiezan a levantarse de las sillas y se dirigen hacia ti. Algunos te ponen la mano en el hombro y te sonríen. Lentamente, empiezan a llevarte hacia el portal. No te empujan, pero poco a poco te acercas a esa peculiar y resplandeciente estructura. El portal ejerce una atracción extraña pero fascinante. Te giras de nuevo y preguntas:
“¿Y cómo encuentro las piezas? ¿Qué aspecto tienen? ¿Qué tengo que hacer si las encuentro?”.
“¡Mira bien a tu alrededor, observa todo con atención, concéntrate y ponte manos a la obra! ¡Buena suerte!”.
Das un último paso y…

